Hay días en los que sigo anotando sentimientos
Os transcribo literalmente lo que escribí esta tarde a mano en mi cuaderno:
Hay días en los que me gustaría perderme en ningún sitio, buscar lo que siempre termino encontrando y dibujar mis sentimientos en una escala de grises donde nunca utilizaría el blanco ni el negro.
Hay días en los que me gustaría dejar de hacer lo que nunca he hecho tumbarme a mirar el techo y descubrir que sigue exactamente igual que siempre, sobre mi cabeza.
Hay días en los que aparto el ordenador y escribo a mano en el cuaderno, sin motivo ni razón. O quizás harto de algo que no sé muy bien qué es.
Hay días en los que miro la hora y las seis de la tarde me parece terriblemente pronto, pero no sé para qué.
Es en esos días nublados de luces apagadas y farolas encendidas cuando pienso en ti, en tu mirada perdida, en tus palabras vacías, en los significados de lo insignificante. Y busco esa canción que escuchñe el otro día pero el silencio gana la partida, porque no quiero escuchar mis pensamientos, pero sin embargo lo necesito.
Hay días en los que leo y no presto atención, en los que escribo por inercia sin saber exactamente qué quieren decir mis frases. Y salgo a la calle sin ganas y sin destino, el frío corta mi cara, el suelo no resulta interesante para bajar la mirada mientras camino pero no hay nada que me haga mantenerla de frente. O será que no quiero ver mi realidad frontalmente.
Y hay días en los que lleno hojas del cuaderno de nada, se me nubla la vista y me tiembla el pulso sin motivo aparente. Cierro los ojos y sigo viéndote, no te vas de mi memoria, pero mi corazón y mi cabeza nunca se ponen de acuerdo y si lo hacen es para que yo sufra las consecucencias.
¿Por qué está todo tan oscuro aún con la luz encendida? ¿Por qué en estos días mi sonrisa sigue siendo una mentira piadosa? ¿Por qué sigo ahogándome en vasos de agua y nadando en inmensos mares de dudas?
Es que hay días en los que el bolígrafo piensa por mi y en los que yo pienso menos que un bolígrafo. Y vuelvo a sentirme ese idiota que te dije que era. Y vuelvo a recordar esas palabras que te dije y no eran las que yo quería decir. Y extrañamente me arrepiento de todo, de tener la puerta abierta a pesar del frío que hay entre tú y yo. Pero me da miedo cerrarla, al fin y al cabo yo soy el idiota.
Hay días en los que salgo derrotado ante un enemigo invisible, o que yo mismo no quiero ver y aceptar que pierdo el tiempo. Me sorprende ver que una lágrima recorre mi mejilla, se desliza y cae por su cuenta sin avisar. Será que me sigue cubriendo un manto de tristeza que me niego a aceptar. O será que me estoy defraudando a mi mismo otra vez.
Hay días en los que recuerdo aquellos otros días de todo y de nada. Incluso aquellos días aún más lejanos en el tiempo en los que esa chica tambien desapareció. Aquella otra ni siquiera me dirigió la palabra... ¿o fui yo? Estúpida timidez. Y otra que me dio sus palabras y no supe corresponder. Y la que me engañó.
El pasado siempre vuelve para recordarte lo que hiciste mal.
Hay días en los que me duele recordar que en esas ocasiones todo fue mal, y que amenaza con seguir en la misma línea a pesar de sentirte más preparado, más maduro mentalmente que entonces. Pero sigo escribiéndome cartas de convencimiento y tortura, de escape y de un sufrimiento que duele en medio de la calma. No es lo mismo que antes, pero en el fondo sigue siendo igual. Otra ocasión, otras circunstancias pero siempre la misma mierda (con perdón).
Pero hay días en los que sé que no eres más que un vértice accesorio deun triángulo que me atrapa, sigues siendo de importancia relativa acrecentada por los otros vértices que componen mi vida, pero que se han descolocado y que han arrastrado mi confusión controlada. O eso quiero creer.
Desvirtuado el triángulo sus vértices adquieren nuevas dimensiones quizás no acordes con su importancia real si todo fuera normal.
Hay días en los que sigo anotando sentimientos y notando arrepentimientos. No sé lo que escribir y lo que escribo realmente no sé muy bien de que va. A veces tengo la sensación de soñar despierto y de dormir sin sueños. Hay algo que me dice que siga soñando, pero cada vez lo creo menos y ese amplio mundo imaginario, escondite de momentos imposibles, se reduce sin remedio ante mi incomprensión. Aún me queda mucho y sé que más adelante podrá volver a ser mi refugio ante la vida. Pero mientras me quedo sin sitio y me conformo con lo que ven mis ojos, sin más.
Lo que pasa es que hay días en los que la realidad parece perder sentido. Los coches siempre van en la misma dirección, las personas caminan siempre igual, la noche y el día caen a plomo sin novedad. Todo adquiere una usual armonía tediosa de la que es difícil escapar. Me adormece, cierro los ojos pero no hay nada más, solo un pequeño paréntesis para despertar atrapado en un tiempo que avanza pero a efectos prácticos no lo parece. Miro por la ventana el mismo sol, las mismas nubes. Solo ha cambiado el día en el calendario. La vida pasa y yo me detengo aunque no quiera.
Hay días en que mi habitual optimismo se cansa de sí mismo y me advierte que para que todo vaya bien tengo que poner de mi parte. Y le doy la razón pero no cumplo las promesas. Él vuelve, siempre vuelve, me dice que mañana todo será mejor. Le creo. Pero hay días en los que me cuesta mucho hacerlo.
Hay días en los que me da igual todo y solo me importas tú.
P.D.: Me ha costado más pasar las 4 páginas de cuaderno al ordenador que el simple hecho de escribirlo... perdón por la rayada monumental, tengo el día un poco de bajón...




mary-chan dijo
Hola!, ya, se te nota que estás de bajón, pero considero que escribir lo que sientes en un cuaderno, es una buena terapia emocional.
No son rayadas, son tus sentimientos más profundos que no sueles compartir con nadie. Así que gracias por compartirlos con nosotros ^^
El tiempo es el único capaz de aliviar todo eso que sientes. Siempre tiene un final adecuado para todo.
Un saludo enorme y que pases un excelente día.
30 Noviembre 2007 | 12:41 PM