Pongamos que todo era perfecto
Y ahora... ¿cómo cuento yo esto? Es que sinceramente yo lo flipo, del todo. Ni en la mejor de mis ficciones imaginadas me saldría una historia similar. Pongamos que ayer yo era una de las personas más felices del planeta: Tenía su messenger y por fin hablamos. Hablamos mucho. Hablamos en confianza. Hubo palabras que podían significar algo. Nació una nueva dimensión en nuestra relación, una nueva confianza muy reforzada. Todo era perfecto. Pongamos que hoy, el día después de esa conversación, nos volvimos a ver en clase, nos sonreímos cómplices sabiendo que algo había cambiado para bien. A la hora del descanso, entre tímidos y esperando algo el uno del otro, nos quedamos los últimos en salir. Y justo en la puerta ella me dio un abrazo que desde luego le devolví. Todo era perfecto. Pongamos que hablamos en persona de lo que habíamos hablado por el messenger, ya de pequeñas historias que solo conocíamos nosotros, que nos hacían sonreir solo a nosotros. Todo parecía perfecto. Pongamos que esa misma tarde-noche parecía que se iba a volver a repetir lo de conversar por el messenger y seguir abriendo esa amistad latente que necesitaba de un canal de comunicación fluído para explotar. Ella se conectó. Yo la saludé. Empezamos a hablar como el día anterior, pero es que la catástrofe se avecinaba. Mira que alguna vez lo había pensado, pero jamás me atreví a creerlo, quería ver que no era así. Pongamos que surgió el tema de los amores, de quién te gusta, quién no te gusta. Totalmente normal y dando por echo que yo estaba al corriente, vino a decir "A mi me gusta ella". A ella le gusta ella. A ella le gustan ellas. Y yo soy idiota porque voy de inaccesibilidad en inaccesibilidad. A saber, pongamos que en apenas un año mis amores frustrados han sido una dentista inalcanzable con supuesto novio; una chica de 36 años también con novio; y una compañera de clase que muy probablemente sea lesbiana (pongamos que dejo abierta la puerta a la bisexualidad, pero porque la esperanza es lo último que se pierde). Tuve que haberme dado cuenta, lo pensé varias veces creyendo que era mi propia inseguridad la que me hacía plantearme casos extremos. Y al final... esto. Cuando todo era perfecto, mazazo. Mi mala suerte con las mujeres es impresionante. Pongamos que la conversación por messenger siguió, yo seguí contestando con naturalidad, al fin y al cabo no tengo ningún problema con la homosexualidad. Tengo problemas con que ella, la chica por la que he llegado a sentir algo, sea homosexual. A veces vivo en una mala película de serie B, esperando que después de tanto escarmiento aparezca por fin delante de mi un "The End" y los títulos de crédito. Pero es que no. Fríamente pensado, resulta bastante cómico, me río cuando pienso lo absurdo que me resulta todo esto, aunque en el fondo claro, me duele. Pongamos que ella seguía hablando de que si esa chica no era su tipo, y yo siguiendo la conversación (por suerte por el messenger es fácil disimular). De repenté paró, como dándose cuenta y recobrando esa desconfianza que a veces nos sale a los tímidos, y me dijo medio en broma medio en serio que parecía su confesor. Y yo dije una frase sin más vuelta de hoja pero que parece que ella no se tomó del todo bien, o tengo esa impresión: "Ya sabes que puedes hablar conmigo cuando quieras". Quizás pequé de exceso de confianza, pero yo lo dije con toda mi buena voluntad. Pongamos que sus frases siguientes me sonaron un poco bordes, o puede que me confunda, ya se sabe que por escrito el tono puede inducir a error. Pero pongamos que ella dijo que sabía perfectamente a quién contar las cosas, que tenía muy buen ojo para eso. Y lo que peor sonó: "Yo estas cosas no se las suelo contar a nadie, solo quiero alguien con quien hablar de los compañeros de clase y que los conozca"... como diciendo que la amistad se delimitaba a eso, a intercambiar opiniones sobre los compañeros de clase y nada más. Me pareció que le daba miedo desvelar tanto sobre ella e intentó recular un poco, frenarse a sí misma porque evidentemente era ella la que me contaba todo eso. Yo la dije que me contara lo que quisiera. Pongamos que eso tensó la conversación y se produjo el incómodo silencio, que a veces también se da por messeneger. Unos pocos minutos y me dijo que se tenía que ir, que hasta mañana. Ayer y esta misma mañana todo era perfecto, y ahora por la noche parece que todo ha acabado. Puede que no la amistad, pero si cualquier expectativa que yo pudiera tener ante una más que probable "alma gemela" con la que comparto muchas más cosas de las que creía. Pongamos que eso no es lo peor, pongamos que es una acumulación de desengaños que ya pesan, que llevo tantos tropezones por el camino que voy a necesitar muletas para poder seguir andando hacia adelante. O que mi mala suerte es realmente increíble. Pongamos que yo estaba a la 1 de la madrugada escribiendo esto cuando mañana me tengo que levantar a las 7, pero sé que no dormiré tranquilo, sé que mañana tendré que verla, que tendré que aclarar lo de la frase esa... pero que la miraré y la veré, ahora que la tengo tan cerca, más inalcanzable que nunca. ¿Y ahora qué?</font>





golosinas dijo
ainsss los amores, pero que quebraderos de cabeza nos dan! y lo peor de todo es que con la edad... no se cura.
un besote majo.
4 Febrero 2009 | 11:58 AM